jueves, 22 de octubre de 2009

I

Con este paso lento y atontado
Con que la vida anuncia su partida,
Tomé su cobre mano adolorida
Como un cristal de sol entre mis manos.

Era así, luego, cándido mi vuelo,
Entre tu faz de dulce atardecida,
Que con mi voz mi arrullo adormecía,
Tu piel hasta la punta de tus senos.

Pero una luz que habita al otro lado
Sin un cómo y por qué, de un solo tajo,
Cortó el hilo de plata que me ataba

Sin ocultar el dolor que me presiona,
La vaga oscuridad que me devora
Esta apagada vida que se acaba.

3 comentarios:

Ema dijo...

las olas vestidas de cielo, como versos azules, así me saben tus palabras... Gracias

Anónimo dijo...

a ver si ahora se comentar,precioso tu poema petons DamaNegra

Anónimo dijo...

Este es el sonido del Gustavo que yo recuerdo, por lo que, me quedo con tu sonido. Un beso, Á

Era así, luego, cándido mi vuelo,
Entre tu faz de dulce atardecida,
Que con mi voz mi arrullo adormecía,
Tu piel hasta la punta de tus senos.

Pero una luz que habita al otro lado
Sin un cómo y por qué, de un solo tajo,
Cortó el hilo de plata que me ataba