lunes, 19 de octubre de 2009

II

Allá, tras la ventana, se abre el mundo.

Y el tiempo corre, con tu voz de agua,
como un murmullo, dentro de mis venas.

Ayer, tú y yo nacimos como un soplo:
la cuna del amor fue el horizonte
en el que el borde de tus manos crece.

Cada lágrima es como un golpe de humo:
la resistencia, el vacío, mis ojos:
todo lo pierdo, tiernamente, solo,
cantando en la provincia de tu alma.

Mi dolor sella temprano tu boca
y del labio herido quiero la sangre,
un beso, la palabra que me rompa,
como un cristal, cuando tu voz me llama.

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