martes, 20 de octubre de 2009

III CUANDO EL DÍA PERCIBE

El viento se lleva las hojas,
igual las flores amarillas.

Yo invoco tu presencia
y apenas se abre el día.

Tu voz es un puñal que abre mi boca
y mi boca sangra, distante,
como un horizonte de fuegos verdes.

Apareces vestida de sueño,
y el amor es un intento
que sólo espera la muerte.

Yo sólo hablo con la noche,
y el tiempo es una barca que encalla
cada hora que pasa.

Yo miro el viento
porque las hojas se mueven a su paso,
y el frío me envuelve
y odio algunas flores;
y tus ojos aparecen
cuando los pétalos de tu cara
se levantan.

De pronto vi la última oscuridad de la noche
desplomándose sobre mi espalda,
y en una luz violeta que se enciende,
marca la nave su ritual de penas.

¿Adónde ir si el único camino se termina?

Las hojas, puedo verlo,
mecen su estrategia de muerte
junto al viento y al vacío.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sobre esta tierra,
no hay vientos callados.

Cada brisa que corre,
parece cantar un nombre.

Existe un árbol con tu voz,
y de la nada sus hojas vuelan,
como un fruto maduro que cae.

El sueño es una cortina en tus ojos,
y la cama de mi nombre, se vacía,
como lágrima, el frío nace.

Mis palabras no hablan contigo,
y el tiempo enemigo, es olvido,
muere el silencio, como la noche.

Soy ciega, ya no veo tu paso,
pero tu sombra me envuelve,
es color que queda,
y aprendí a mirarte con mi mano,
por eso, se cómo eres,
si te olvido.

Las horas se consumen,
como baile de cenizas,
el ritual, y tu encanto, mueren,
la pena, es un vacio,
como tu verso que resuena.

Gustavo Calderón dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gustavo Calderón dijo...

El poema es maravilloso, tanto que me hubiese gustado mucho haberlo escrito yo. Gracias por esos versos dicen mucho, y son el mejor comentario que me hayan hecho.