lunes, 26 de octubre de 2009

SUS JE-TO CRIS

Rompo a volar el movimiento quieto
de los oscuros Lázaros yacentes,
y las pupilas muertas y vacías
se yerguen y abren para ver la niebla.

Aquí mi planta perseguida queda
y lloro en mi constelación de llanto,
y ya no hay voz que traiga el viento puro
hasta la sombra breve de mi alma.

Crece sobre el fondo gris de los mares
la ausencia del camino sobre el agua,
y caen desde las velas los jirones,
tus besos de sal, tus ojos de arena.

Vuelve al monte cautivo mi plegaria;
y el asiento de miles sofocados
de inmediato no sirve para nada,
ni el vino salva el rato de la muerte.

Así te amé y aunque te amé presiento
el martirio del cuero y del madero,
y lamento el naufragio de tus ojos
fuera de mi sangre y la penumbra azul.

Por eso no regreso, Magdalena,
para ahorrarte el capricho de las piedras,
y porque ser feliz contigo, al final,
no fue sino una historia que inventamos.

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