martes, 20 de octubre de 2009

TRATADO PARA TUS OJOS


En un principio adiviné tus ojos.
Vi que eran como un planeta, brillante y vivo, absolutamente repetido; y aunque el universo era tan sólo una masa gaseosa inexistente, supe que tus ojos debían orbitarme el alma. Luego ordené hacer cielo y tierra.
No había, ni entonces, ni ahora, cosa que se ocultara a tu mirada. Cada palmo de una mansa hectárea era tu pequeño rostro, infante, inmóvil y perpetuo. Toda tú eras para perderse en ti; por eso nunca terminé de visitarte, establecerte.
Y al fin te has ido. Quiero decir que por desgracia; porque yo no soy el mismo y extraño inmensamente el restallido de tus besos en mi boca. Seguramente tu pupila temblorosa lleva el recuerdo de mi ser que se ha perdido, y desde mi memoria trato y te recuerdo y logro atarme a tu deseo injustamente.
Manso es el atardecer que entra por tus ojos, y en ellos vive el canto de las aves mientras vuelan su retiro; y todo, mientras se detiene, se convierte en pasto y tierra, en nube y aire; y todo es tu labio y tu beso, tu mano y mi mano: cuando me miras voy cobrando un brillo esclavo y te pertenezco eternamente. Tus ojos son mi par de Dioses, y yo los sirvo como tales: agonizo mientras duermes porque invento estas maneras que conoces para amarte: cada vez que te acaricio voy abriendo un nuevo territorio y cada vez tu piel es más particular y deliciosa. Me desplazo vez tras vez sobre el espacio entre tus senos y me das el tiempo para hacer estas historias.
Te quiero como nunca te he querido: como siempre; pálida o cúprica, en la salud y en la tempestad, en la enfermedad o en la calma, tanto como quieras y más de lo que necesites. Voy a ti sin religión: la única doctrina que deseo es la enseñanza de tu sexo. Tu infinita desnudez. Las formas curvas de tus nalgas.
Tu iris grabará esta fuente que en tu boca se derrama. Más allá de esta porción de ser te doy mi alma, mi eterno amor, estas palabras. Te doy también mi muerte, mi desgarrada sed de tus entrañas, mi lengua en la penumbra de tu desolada calma.
Te amo, lo acepto, pero llegamos a mañana. Desde tu inconsciente veo como de este sueño, de mí, el recuerdo no te deja nada.

No hay comentarios: