martes, 20 de octubre de 2009

VI DESTELLO VACÍO

Hoy el sol ejerce su inclemente guerra.
brillo y fuego.

Vengo cada día a sentarme
en este banco de madera.
Alma de hierro lo sostiene.

El olor a sal del estero
se concentra:
recorre la baranda la costa de cieno,
como busco un movimiento,
una lámpara que pende.

Encuentro que me faltas,
me estalla la indecencia,
te olvido plenamente,
pero vivo entero en ti.

Aprendo cada instante.
cada intrépida muerte
abandona mi llanto.
Estás y no te tengo.

Quiero entre tus horas ser
justamente lo que soy,
el umbral de tu boca,
tu registro del sueño.

Los dos abandonamos
libros entre las manos,
escogemos palabras,
las decimos al viento.

Cómo puede ser tan cruel
el sol que quema y mata!
que enciende y arde en mi piel
tu voz y los minutos.

De todo algo quedaba,
la lámpara que pende,
la sombra, la baranda,
no hay sol ni tu mirada.

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