lunes, 19 de octubre de 2009

VI OCTUBRE

Tarde, brisa ondulada.
Luz que nace tras los cerros del oeste.
Tu viento tiene el color de las naranjas.

Calle larga e insomne,
en la que los peces naufragan como faros.

No sé, pero parece que ahora todo es abandono,
aunque las hojas se niegan a caer en el otoño.

Lejos del mar no sé esconder la luz de la mañana o de la tarde.
Tampoco sé si tus ojos son como estas flores que se cierran.

Tu regazo es como la aurora que nace
con su filo de sangre, de amanecer celeste.
Me tiendo a tu lado en un abrazo que hiere,
con el cuerpo desnudo de otro día que se acaba.

Octubre, hogar de la paciencia,
momento o frío en el que el amor influye,
te toco con mis manos de madera,
entrego a tu pecho nítido mis flancos,
y el rumor de muerte que persiste
cada hora que vigila un beso.

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