martes, 20 de octubre de 2009

VII ESTACIONES MUERTAS

Todos ya están presentes
y entre los dos no queda nadie,
sólo la distancia que nos rompe
y que desvela las palabras que se callan.

Quieren nacer los fuegos de la primavera,
se mecen los rencores en la cruel espera,

tu cuerpo es un castillo impenetrable
que allá, hasta tu horizonte
abarca mi zona solitaria.

Fuimos invencibles, esperamos casi en vano,
que los días y las flores no se marchitaran.

Pero cuando todos vuelven
y aún así no queda nada,
solos, desarrapados, vacíos,
vemos pasar las estaciones
demoliéndose.

Qué puedo hacer si tú confundes fuego y fragua?
Adónde irá la raíz de mi memoria cuando muera?

Si cada vez el peso del invierno me lacera
y en los otoños del verano
dejan de llover las hojas muertas,
y el rocío ya no sea agua sino polvo y piedra,
qué campos cruzará mi voz:
qué calle, qué plaza, qué poblado ausente,
acabará por instalarse en nuestros días?

El hombre que te mira ya no está,
y sólo tu pecho sentirá
una mano con espinas.

ya nuestro camino se ha perdido,
y se ha partido en dos la tierra,

cada uno habita su costado:
en tu lado habrá risas, alguna que otra pena,
y de mi lado, la sangre ahogará
para siempre estas palabras.

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