martes, 20 de octubre de 2009

VIII FORASTERO

Ahora vengo sin saber a qué he venido,
lejos de todo no supe hallar los ríos.
Dejaba pasar sin fin las estaciones,
los días calientes que se persiguen,
las noches frías de los meses sin historia.

Cambié la sed del tiempo en horas de agua,
clavó la espiga del campo su luz dorada
bajo el manto gris del cielo recurrente;
crecía el fin, en los mares cada tarde,
como tu voz pesaba el rostro de las sombras.

Pero aunque he llegado no me encuentro,
por eso siempre muerdo el día,
vivo como si estuviera muerto.

Y a veces pienso que debo despedirme
del vaso de vino, de la mañana.
Sé que debo hacer un testamento sin palabras,
enumerar cada vacío,
darle nombre a lo que no conozco.

Cuando sé que ya olvidé mi nombre
busco tu ciudad para encontrarme.

Nadie habita allí, es cierto,
pero llego siempre a tiempo,
ahora que he venido
y nunca sé de dónde vengo.

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