domingo, 22 de noviembre de 2009

AMOR

La tarde dio en tu falda,
sembrando de luz la porción de tu ventana,
que florece.

Lejos de la hora antigua que despierta,
el día hierve con su campana de sol,
y contiene su codo de vapor en tu mirada,
como una nube de sal azul que se condensa
en el plato profundo de las frutas,
en el centro ausente de la mesa.

Habíamos encontrado en el cauce de las manos
el día sin fin, los meses recurrentes,
y en el aliento vegetal de los jardines
las cosas necesarias para amarnos.

Desde allí creció la extensa espiga del amor,
en tus ojos de profunda languidez y espera,
al borde fino de tus párpados entristecidos,
con su herida de lágrimas resplandecientes;

presa mía, hundida en la prisa del cielo sin nosotros,
quedaba fuera de tu rastro el candelabro de velas agotadas,
y cuando una cortina se cernía sin sus pétalos robustecidos,
nacían témpanos de piedra y fuego en nuestros besos.

El primer latido de la primavera
nos cubrió con el olor crucial de los tomates,
y el último rocío que invadió tus senos
estuvo siempre a merced de mi horizonte.

El tiempo fue, sin duda,
una cascada en el pleno desafío de la aurora,
que llegó sin pájaros oscuros, sin su violeta torturada,
con hojas rebosantes, y minutos llenos.

Mi mano entera coció tu piel,
y en tu cintura mis dedos de canela fijaron el talle
de la voz constante y negra de la noche,
y en el agreste infierno que de la mañana ausente brota
se prendió el pálido temblor de una caricia abandonada.

A veces era yo en la silla vacía,
o la tajada menos en el plato;
los pasos que entran y salen
delatados por las tablas o el silencio,

y había aquella tarde que llegaba adelantada
casi siempre con lluvias tristes, sin paraguas,
y estremecía los jardines púrpura de tu falda
con los olores de la tierra doblada sin señales,
envolviendo sin medida tu vida, mi existencia,
como una brisa que reparte su aliento gris y vespertino.

Pero al cruzar la puerta, todo comenzaba,
el acre chirrido en la bisagra,
alguna tenue sacudida en el abrigo que se cuelga,
los segundos pavorosos,
la mínima distancia...

y ahora que te veo, amor, de vuelta
más allá del vano, en el umbral de la cocina,
sé cuánto te amo, y me comprendo,
y cada día es empezar
con tu silueta en la ventana.

Y sucede siempre aquel instante único:
tu pie sensible saliendo del zapato,
tímido animal entregándose a mi mundo.
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8 comentarios:

Anónimo dijo...

Premonición.

Hay mujeres que ocurren como un sueño,
pero siempre me enamoro de mujeres raras,
aquellas que gustan de mojarse en las noches amnioticas,
entre murmullos de pajaros de la prehistoria,
aquellas que poseen la imaginación de las guirnaldas,
y el sueño de los largartos somnolientos,
las que no creen en la inspiracíón,
y prefieren el silencio a la poesía,
ahora que todos hablan de amor,
y tengo presentimientos tan vastos,
porque mis ojos han tocado,
los vértices de tu rostro,
y tus noches amnioticas,
y tus pajaros de la prehistoria,
y tus sueños de lagartos somnolientos,
y tu imaginación de guirnaldas.
Por que siempre me enamoro de mujeres raras,
mujeres que ocurren como un sueño.
.....Francisco Jaymes Levi.....

Fue inevitable,ahora que todos hablan de amor y tengo presentimientos tan vastos,fue imposible no recordar este poema...hablas de amor...amor...y lo haces poesía, ya sé que el amor es poesía o la poesía es amor... y hablas de amor...Hermoso poeta,hermoso. Mkd.

Anónimo dijo...

Gustavo provocas inesperadas sensaciones, tu clase poética me tiene deliciosamente atrapada...leí "Amor" varias veces y en cada repaso una nueva emoción me invadió, gracias por ello... Mónica Bermejo.

EURICE dijo...

Amores extraños, son los mas admirados y amados.
Saludos

anabel dijo...

Belleza del amor en arrebatos de pasion y belleza del amor en los gestos cotidianos, dos caras de una misma moneda.

Me ha encantado tu poema.

Un abrazo.

ROSA dijo...

Amor, una mañana, amor, la distacia, amor, tu eres especial, tu eres... quien me hace volar, amor..., precioso poema, te felicito, un saludo desde ese amanecer

Anónimo dijo...

A veces era yo en la silla vacía,
o la tajada menos en el plato;
los pasos que entran y salen
delatados por las tablas o el silencio,
Me encantó............
A veces era la silla vacia y la tajada sin probar,
los pasos que salen y entran ..las tablas dilatadas delataban.

qué largo poema, para sólo recordar este verso. Un beso, Gus. Me Gus-ta

luciernagadeluz dijo...

Que belleza has escrito, cuantos sentimientos me has hecho aflorar. Me encanta. Un beso grande amigo

Perfecto dijo...

Un hermoso poema de amor. Te leo como un lector mas, y no puedo por menos, que sentirme en ese poema, interiorizar su urdimbre, su sabor, todos los hilos en que envuelves tan vital sentimiento.
El amor que nos salve.

Un gran poema. Gracias por compartirlo.

Un abrazo Gustavo.