lunes, 16 de noviembre de 2009

LA EDAD

Como un tigre que salta
sobre su propia sombra,
o fuera de su espuma verde,
la edad nació con su pirámide
de piedras azules,

y se elevó hasta el cielo
con sus nubes circundantes.

Y en su desierto angosto
tuvo las huellas que fecundó de mar y frío.

Todas las voces eran una voz
de costa larga, un rumor
que crecía con arenas desterradas,
y eran una barca de colores constantes.

De allí el olor que surge y mora,
se convierte en años y remordimientos,
en placeres, en corales, en lanzas,
llovidas desde la sangre,
desde el tono persistente,
sin piel que llore el fuego.

La edad cavó desde el final su fosa,
con su tronco de nácar,
su lápida de tiempo,
con el llanto del que pierde
una lágrima del hombre que nace.

6 comentarios:

BLAS dijo...

No existe la edad
ni existe el tiempo
solamente existimos nosotros

(bonito poema, como siempre y decirte que no me hago fotos con pancartas, asisto a los lugares.
Gracias por tu comentario, amigo mío)

Yo sí que te envidio a ti.
besos

Anónimo dijo...

La edad cavó desde el final su fosa,
con su tronco de nácar,
su lápida de tiempo,
con el llanto del que pierde
una lágrima del hombre que nace...

Tiene algo que no sé definir. Mkd.

KUBAN dijo...

"Como un tigre que salta sobre su propia sombra" Desde ahí es magnífico el poema. Eso es la edad, definitivamente. Gracias, Gustavo por estos versos. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Muy bonito, es precioso este poema, el inicio es espectacular... Un beso. A

anabel dijo...

Y asi desde el comienzo de los tiempos, momentos de sacar las lanzas y derramar sangre y momentos de remordimientos y sentimientos solidarios, el hombre capaz de lo mejor y de lo peor.

Interesante poema para la reflexion.

Un abrazo.

Gilson dijo...

Muito bom, ótima reflexão para hoje.

Abraços