viernes, 6 de noviembre de 2009

SUEÑO DE UNA TARDE DE VERANO

Ahora que la brisa no te toca,
enciendo tu portal con mi frescura,
y el arco de tu voz y mi locura,
se sellan con un beso de tu boca.

Y en la veranda el tacto se acelera,
con su riel de metal enfurecido,
que la ausencia del aire enrarecido,
convierte tu mirada en carcelera.

Así cayó, también, mi voz lejana,
en la insalvable trampa de tus ojos.
Ni vi en tu blanca faz muerte cercana,

ni mal en tus preciosos ojos rojos.
Sólo el vacío en tu osamenta triste,
y el velo envuelto en lo que ya no existe.

4 comentarios:

Gustavo Pertierra dijo...

Me quedo gratamente sorprendido con la lectura de este soneto, tiene gran sonoridad y fluidez , asi como un cautivante uso del lenguaje.
Ha sido un placer su lectura y continuo leyendo llevado por el entusiasmo que este poema me deja
Un cordial saludo

Gustavo Pertierra dijo...

Me quedo gratamente sorprendido con la lectura de este soneto, tiene gran sonoridad y fluidez , asi como un cautivante uso del lenguaje.
Ha sido un placer su lectura y continuo leyendo llevado por el entusiasmo que este poema me deja
Un cordial saludo

BLAS dijo...

Yo también me quedo sorprendido. Aquí llegó del tirón el invierno que yo echaba de menos.

Saludos desde el sur de España y enhorabuena.

Te sigo, siempre con tu permiso.

Anónimo dijo...

Ya lo han dicho los expertos ¿qué más puedo decir yo? . Precioso soneto aunque sea noche de invierno. Mkd