sábado, 6 de marzo de 2010

MALECÓN

I

Y llega el malecón,
extenso recorrido de árboles navegables,
monumentos, joyas de bronce, jabalíes,
torres de observación y avistamiento,
escaleras con peldaños, hierros agotados,
puentes de maderos crujientes
bajo el pesado pie del tiempo.
                 Donde el día es bueno y calla.
                 Donde el día es bueno y calla.
La gente que nos mira
como un barco sobre el río
y nosotros mostrando los labios
sin señales, sin misterio,
sobre las copas florecidas
en la hora abierta.

Y llega el malecón con su baranda
nueva y larga,
el remolino del viento
envolviendo a las iguanas.
                 Allí y allá
                 (Allí y allá)
con sus lomos verdes y algunas escamas naranja,
sobre las copas verdes y algunas hojas naranja,
bajo el cielo celeste que se bate sobre las aguas oscuras.
Si tan sólo lo entendieras y cuando lo veo,
si sólo tuvieses mis ojos, pero es imposible,
si cuando te hablo no logro comprenderte,
y la verdad que habita entre nosotros
es siempre diferente, un resplandor incierto,
casi siempre equivocado.

Avanza también conmigo,
caminemos juntos,
tú y si quieres también tu casa,
con sus paredes de hojaldre
con su techo como alas inmóviles,
los postigos encorvados, sin cristales
o su reparación pendiente,
con sus matices desteñidos bajo el agua.

Yo vine por tomar tu mano,
pero sin tu mano es otro el rostro
y regresamos, dejamos de manchar con pasos
el camino y de nuevo la ventana
sin orillas y sin río,
con tu boca jamás besada,
nadie puede ya pensar en otra cosa,
las tardes me gustan desde la mañana,
nunca desde la misma tarde,
tan cerca de la noche, cuando todo acaba,
el cuerpo vacío,
el adiós, tan sólo un beso en la mejilla
o nada,
eso es cierto, o nada.

II

Como el eco de una tarde
la fuente con monedas, trece chorros de agua
sin que se rebose, sólo salpicando
las moscas y las arañas,
un pájaro negro picoteando un mango,
ya va siendo hora
de tocar a tu puerta,
caminar tomados de las manos.
Como el eco de la tarde,
bajo tu balcón tocando
mi mano las hojas de madera con la aldaba
y el sonido no es metálico, es gris.

                 Mira:
como el eco de la tarde
se inunda el mundo,
(se inunda el mundo a mis espaldas)
esperando, oye, el eco de un zapato, una llave.
En la esquina esperaremos el transporte,
y quizá ocupemos asientos diferentes.
A través de las ventanillas la calle,
las casas todo gira golpeándonos
como una enorme rueda con ramas,
así es el mundo,
y llega el malecón,
y así es la vida.

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8 comentarios:

Gustavo Pertierra dijo...

Un gran poema, con mucho ritmo y fluidez, un gusto volver a recorrer tus versos
Un abrazo, compañero

Anónimo dijo...

Fantástico, Gus.. Muchísimo mejor, dónde va a parar. La diferencia es excelente, llega mejor, hoy veo lo sublíme que detallas. Me gusta más así, ciertamente.

Un beso, Gus.


Á.

Jacque dijo...

Lindo Poema

anabel dijo...

Impresionante belleza verso a verso, abriéndose como las hojas de una flor para mostrar sus estambres.

Recorreo de tu mano las calles hasta que aparece ante nosotros el malecón, y muere la tarde.

Un abrazo.

luciernagadeluz dijo...

Me encanta Gustavo,!ufff! me ha gustado mucho, que fuerza. Un beso grande y mucho cariño querido amigo

Juan Carlos dijo...

Representas tus letras como cuadros abstractos de un mundo conocido, quizá nunca se percibió así, pero estos colores juegan versos dentro del cuadro que ahora es real.

Siempre es un gusto visitar tu blog. Un abrazo

Juan Carlos.

Anónimo dijo...

con sus lomos verdes y algunas escamas naranja,
sobre las copas verdes y algunas hojas naranja,
bajo el cielo celeste que se bate sobre las aguas oscuras
(sobre las aguas oscuras que al cielo bate...)

Joe, me he dado cuenta ahora del cambio, bueno, es posible que en su día también me percatara, pero ahora revisando, me encontré con ese redoble de versos-campana.

Anónimo dijo...

sobre las aguas oscuras que al cielo celeste bate.


__cambio me refiero a:

ese redoble, no a dar la vuelta al mundo y descubrir su tapadera.


Besos, Gus.