lunes, 22 de marzo de 2010

!CUÁNTOS LLEVARÁ EL ALMA¡

Quebrado se acelera
con su fragor indómito el animal abatido.
Ya el deseo ha entrado en su sangre
como un río blasfemo.
Te amo.
             Miento,
nunca te amé, sólo a veces
te quise con los ojos perdidos
los tímpanos abiertos
             el sol cayendo de costado
sin que sea la tarde.

Más allá de ti, ni tú, sólo la muerte,
después sólo la muerte
con sus párpados abiertos como los tuyos
pero sin ser tú, sólo lo que hay
después de ti.

Te despojo un chal,
dejo tus hombros desnudos
¡Cuántos llevará el alma!
             infinitos rudimentos, me digo,
en la trastienda de mi corazón
donde ya nada florece.

El turbio licor que suda las manos,
el palacio allí debajo de tu pelo,
naciendo como una palabra muda,
colándose, abriendo su propio imán,
las entrañas del sueño en la ceniza.

¿Recuerdas cuando estuve detenido?
escribí con las uñas sobre las paredes.
En granito se habían destrozado mis dedos,
pero entonces yo te amaba,
             miento,
nunca te amé, y sólo a veces
te quise en dos amaneceres,
los témpanos azules
             flotando como enormes naves
en las arenas de un desierto fijo.

Encendida ya se va tu falda
abierta durante el verano de cosecha,
entre los dientes de diamantes rotos
entre las alas de los algodones
entre la llanura donde nunca cae la nieve,
se va la tela en la miseria, el fin
que pasa, acaso solamente
más allá de ti, ni tú, sólo la muerte,
después sólo la muerte
con los párpados abiertos como los míos
pero sin ser yo, sólo lo que hay
después de nosotros.

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domingo, 14 de marzo de 2010

SALAMANDRA

Sin saber qué es lo que sobra,
febrero acaba, quemándome,
con sus finos lazos de agua,
tumbándose gota sobre gota,
hasta que el cielo cae sobre la tierra.

Todo se humedece, nada alcanza,
los días los puñales las balas,
hojas que destiñen el pavimento recurrente,
a simple vista limpio de baba y lodo,
cuando aparece la lumbre sobre lo mojado,
el pelo la arena el volcán con su fuego derretido.

Sin saber qué es lo que pasa o continúa,
la hora en el reloj sigue marchando
encima del papel palabras con ojales duros,
pasos duros, casi sin ideas de sed y hambre.
Como una salamandra se desliza la mirada
perdida en un tiempo furioso y áspero,
como un órgano con vida propia
y aliento propio.

Y con sus manos tendidas, prisioneras,
dejando su huella en las orillas.

Pensándolo bien sólo son días
que acaban como un eslabón, perdiéndose,
tocándose y tocándonos la frente,
los ojos, la lengua;
sólo son hojas y números cuadriculados
al final de la cadena.

Pensándolo bien no digo nada
y apunto como si fuera alguien importante,
señalo como si fuese un rey el que me habla
mostrándome el territorio,
inculcando en mí el deseo,
la paciencia y el odio,
creyendo, sin saber qué es lo que sobra,
si soy yo culpable el mundo.

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miércoles, 10 de marzo de 2010

UVAS

               “Pero no te veo,
          cuando el mundo es una mano”


Línea en el cielo apenas una cárcel,
yo voy sobre el riel en una vía
con guijarros redondos y monte
No soy yo, apenas la tierra gira,
salta, me conmueve, se hace ocre
de un lado al otro se estrella, vence,
simula con su rotación el aire
en su marea de verdes horizontes.
Lejos pero en el centro hay una claridad
que se opaca ya sin su mantel a cuadros,
con el vino colgando todavía del racimo,
lejos, pero en el centro de ser
para seguir cayendo en la escarcha
sobre el mundo.

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sábado, 6 de marzo de 2010

MALECÓN

I

Y llega el malecón,
extenso recorrido de árboles navegables,
monumentos, joyas de bronce, jabalíes,
torres de observación y avistamiento,
escaleras con peldaños, hierros agotados,
puentes de maderos crujientes
bajo el pesado pie del tiempo.
                 Donde el día es bueno y calla.
                 Donde el día es bueno y calla.
La gente que nos mira
como un barco sobre el río
y nosotros mostrando los labios
sin señales, sin misterio,
sobre las copas florecidas
en la hora abierta.

Y llega el malecón con su baranda
nueva y larga,
el remolino del viento
envolviendo a las iguanas.
                 Allí y allá
                 (Allí y allá)
con sus lomos verdes y algunas escamas naranja,
sobre las copas verdes y algunas hojas naranja,
bajo el cielo celeste que se bate sobre las aguas oscuras.
Si tan sólo lo entendieras y cuando lo veo,
si sólo tuvieses mis ojos, pero es imposible,
si cuando te hablo no logro comprenderte,
y la verdad que habita entre nosotros
es siempre diferente, un resplandor incierto,
casi siempre equivocado.

Avanza también conmigo,
caminemos juntos,
tú y si quieres también tu casa,
con sus paredes de hojaldre
con su techo como alas inmóviles,
los postigos encorvados, sin cristales
o su reparación pendiente,
con sus matices desteñidos bajo el agua.

Yo vine por tomar tu mano,
pero sin tu mano es otro el rostro
y regresamos, dejamos de manchar con pasos
el camino y de nuevo la ventana
sin orillas y sin río,
con tu boca jamás besada,
nadie puede ya pensar en otra cosa,
las tardes me gustan desde la mañana,
nunca desde la misma tarde,
tan cerca de la noche, cuando todo acaba,
el cuerpo vacío,
el adiós, tan sólo un beso en la mejilla
o nada,
eso es cierto, o nada.

II

Como el eco de una tarde
la fuente con monedas, trece chorros de agua
sin que se rebose, sólo salpicando
las moscas y las arañas,
un pájaro negro picoteando un mango,
ya va siendo hora
de tocar a tu puerta,
caminar tomados de las manos.
Como el eco de la tarde,
bajo tu balcón tocando
mi mano las hojas de madera con la aldaba
y el sonido no es metálico, es gris.

                 Mira:
como el eco de la tarde
se inunda el mundo,
(se inunda el mundo a mis espaldas)
esperando, oye, el eco de un zapato, una llave.
En la esquina esperaremos el transporte,
y quizá ocupemos asientos diferentes.
A través de las ventanillas la calle,
las casas todo gira golpeándonos
como una enorme rueda con ramas,
así es el mundo,
y llega el malecón,
y así es la vida.

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martes, 2 de marzo de 2010

NOTHING

En la ofrenda de tu flor que se abre
camina el aire tibio y el infierno,
nunca más constante el ciprés y su follaje,
tu sonrisa impenetrable, tu palabra derramada.

Cómo debe alcanzarme lo que no me das:
incluso tu cuerpo dormido está muy lejos.
Sólo las espinas, una fuente con penas y manzanas,
o lágrimas partidas cayendo de costado.

Si sólo tu planta, el filo de tu espalda,
si no pidiese más que una mirada,
si tu odio resplandeciese cada día
en el portal de mi ventana, hay una lila triste
afuera junto a la pared, algunas herramientas,
un pozo horadado sin su boca descubierta,
unas piedras libres tirándose entre ellas
la honda superficie de la tarde que amanece
profunda, sólida, enumerada y carcomida,
un instante hecho pedazos de hojas silvestres,
pájaros atroces muriéndose entre gritos,
hiriendo las mallas de las jaulas desde afuera,
buscando, revolviendo su marea de plumas
circulares y vacías en la cutícula del tronco,
desvelado y ausente con su espiga fugaz,
su retoño de hojas verdes renacientes,
dando forma a las campanas y élitros
oscuros, naranjas, erguidos desde el cieno,
alrededor de muchos otros fangos,
desde donde tú o la muerte son el complemento,
la vena abierta, el cáncamo
con su cuerda que pende, la ropa que gotea
sin tu vientre y la venida del harapo,
en el columpio siempre herido, el sombrero
roto por la frente, inútil, agotado
bajo el tapiz de un cielo abierto por la mitad
de dos que en el amor siempre fuimos pobres.

 
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