lunes, 26 de abril de 2010

DESNUDO Y SINVERGÜENZA

Llego, atado, viviendo en un pañuelo,
desnudo y sinvergüenza.
Deja ya de pronunciar mi nombre,
completamente depilado,
todo lo que rueda y circula se detiene,
porque la casa sin mí queda vacía
y con las luces apagadas,
alguien cerró todas las puertas
y ha tapiado las ventanas.
Escúchame una vez la última palabra
porque ya nada existe:
dejé colgados tus colores,
pisé tu sombra hasta convertirla en polvo;
ya no somos ya no estamos,
ajusta tu dicha a los cordones de otra bestia.
Hazlo como siempre, accede
con esa vitalidad que ven los ojos del que te mira,
no corras las cortinas, no me pretendas
como un propietario,
deja que amanezca pero no te confundas,
los días seguirán abriéndose solos
con ese frío tan propio de la ofensa,
con el viento que silba
en la garganta siempre al final de la calle.
Solos al fin, abandonados los dos,
vistiendo al alba cada uno
el forro de la soledad, el temblor sobre las cejas,
el manso monstruo del abandono.
Por la noche sólo los perros ladran,
mientras en mí habita una larga sed
de cuerpos extendidos,
de cuerpos inmóviles,
divinos cuerpos que revivo.
Las cabelleras quietas,
las hebras destellantes sobre las almohadas,
las habitaciones ligeramente iluminadas,
los cuerpos simétricamente dispuestos
en las nuevas casas que después han de cerrarse,
cuando desnudo y sinvergüenza,
viviendo en un pañuelo,
desatado, llegue, aunque después me vaya.

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martes, 20 de abril de 2010

DRÁZAN

El delirio llega. Es la nueva hora
que te muerde con su propia fiebre,
con un acento recargado,
te toma los hombros, invade la espalda,
el delirio
como un sueño enfermo,
como una variedad de carga eléctrica
que entra y sale, martillando,
elevándose, haciéndote avanzar
sobre la superficie,
como dos remos que se hunden en el agua.

No te sorprendas, no todo siempre es pesadilla.
El final de los ojos es posible
siempre verlos
siempre mirarlos
siempre encontrarlos
en el comienzo de otros ojos.

Y aunque a veces siempre es imposible,
vamos y venimos enumerando:
Uno, la mañana
Dos, la media tarde
Tres, quizá la noche,
entonces ¿Quién habrá para contarlo?

Si abres un momento la puerta,
podrías ver entrando mi mano, mi pecho
o mi llanto,
por la misma puerta, la brisa,
con sus curvas cargadas de partículas
y de intenciones,
inundará la sala, las habitaciones,
pensarás que abriendo la ventana….
pero ya las cosas estarán contaminadas.

¿Por dónde ir atravesando?
Si haces tu propio túnel,
a lo mejor mucho trabajo inútil,
y a ti no te gusta lo oscuro;
no es lo mismo que unir los arneses,
hundir los clavos en la roca,
atar muy bien la cuerda al cuerpo,
sólo subir y hasta la dicha respira,
sube porque no será necesario
mirar a través de los cristales,
sube porque así una mano,
lo mismo que habita con el viento,
será capaz de borrar tu pesadilla,
sube y sigue subiendo,
la cima ya se nota,
hay que abalanzarse sobre lo que sea
y llenar los pulmones
(de voces, de aires, y de aliento)
de la llanura vista desde arriba,
hay que llenar los pulmones
con besos inminentes sobre el pecho,
hay que llenar los pulmones
y vaciarlos con las manos libres,
y los ojos claros,
sobre todo eso,
los ojos profundamente claros.
La pesadilla termina cuando,
con una mirada,
contemplas extenderse a los árboles
sobre la planicie.
El sueño empieza cuando abres los ojos,
y despiertas.

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lunes, 12 de abril de 2010

HACIENDO NIDO

La vista espléndida en su cofre
descendiendo sobre el cercado,
el jardín extenso sembrado
también de pájaros pequeños
tulipanes rojos,
un sendero piadoso,
solo, es un camino.

Entienda usted,
aquí tenía nuestra casa
habitaciones amplias, ocupadas de luz,
ventanas limpias como el aire
y la soledad inmersa en las paredes blancas.
Era en realidad una mansión,
y hasta el alto techo llegaban las enredaderas
abrigando los muros del frío.

Has venido hasta aquí,
descubres los muebles y su terciopelo oscuro
respira nuevamente las apariciones.
Asómate al balcón, el hierro conservado,
la intemperie que desciende
sobre los rostros maravillados,
son las horas
que miran más allá, el bosque,
(las mesas repletas en la ceremonia)
aleteando con sus ramas,
las perdices posándose, haciendo nido,
todo en calma, tranquilo, en silencio,
los rayos suspendidos hasta el día, sólo hasta ese día,
la música brillando, acepto.

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sábado, 3 de abril de 2010

EL DRAGÓN Y EL TIGRE

Cólera maldita inhabilitado cuerpo,
ya están aquí las estaciones,
la picadura, el escozor de tu beso
que enciende el rostro como una bofetada.

Cada vez más lejano el instante
en el que flotan perdidos los brazos,
en el que restalla la semilla y se estira,
en el que los ojos del poniente se abren
bajo las aguas corriendo
sobre las piedras de los puentes.

Aullando entre las hojas llovía,
por entre las ramas pájaros y ardillas
en el denso bosque depositado en el tiempo,
con las raíces colgando las hojas cayendo,
están aquí los acostumbrados olores
que bajan desde el cielo.

Y yo esperando,
sí, ya sé, es inevitable,
volamos los dos cuando se encuentran las espadas,
es imprescindible, pero si he de dar mi vida,
sólo recuerda, (sí, yo lo sé),
cualquiera sea el sendero que decidas,
rostro iluminado, orientales ojos rotos,
cuerpo de escamas, boca donde nace el fuego,
(oh, cólera maldita, mi cuerpo,
infortunada patria,
conquistado,
arrasado con todo lo horrible)
ahora envenenado, ya sin garras,
si cuando regreses yo ya no respiro
hazlo así, da lo que le debas al vacío
siempre fiel, saltando,
para morir sólo es necesario aquel sonido,
el del otro corazón que se detiene.


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