lunes, 3 de enero de 2011

EL CANSANCIO A VECES (1301)

El cansancio a veces, trágicos amores
de gota en gota
no hay más que besos en las manos,
la piel bajo las uñas.

La lluvia muerde el pez y el frío
y un parásito diario alumbra atesorando
las raíces desde el cielo.

Cada instante la carne a la mitad,
la boca solitaria buscando en cada aro de oro
una sola oreja, un sólo par de labios,
un país de piel que no haya sido desterrado.

Bendita sea la tierra, la arena, el barro,
todos los que alcanzamos a nacer
para estar antes que si llegamos a vivir;
y los años llenan cada saco por la boca ancha;
habrá que aceptar la dura pena,
el pecho de las golondrinas,
la madera que violentamente traga fuego.

Hagamos sombreros sin alas,
ronda con los árboles caídos,
mariposas con tus ojos en sus ojos;

pongamos los zapatos al pie de la puerta,
el abrigo protegiendo al clavo,
y una bufanda, por si acaso, al alcance de la mano:
en la mesa un plato de panes y uvas y naranjas,

que al salir vaya desnudo
y que la soledad pueda sentirse en casa.

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